...¿Porqué bailo Tango?


¿Has visto una pareja de milongueros bailando Tango? Si vinieras de otro mundo, a primera vista afirmarías tener frente a ti un ser vivo con cuatro extremidades inferiores, dos cabezas y un sólo corazón, deslizándose y acariciando el piso con movimientos felinos por unos 3 minutos. Luego de un mayor análisis, caerías en cuenta que se trata de dos seres arropados por una música apasionada y que ni parece que se quieran conocer por la actitud que muestran.

En el Tango no es necesaria la identificación previa. La experiencia es diferente con cada compañera, aprendes de tí a través de la asociación momentánea con cada pareja de baile y es indispensable que la experiencia sea grata para ambos. Siempre se requiere hacerlo lo mejor posible, aprovechando las habilidades personales y el cuidado mutuo.

A mí me gusta ofrecer la mano izquierda alto y tomar la derecha de mi pareja mientras asumo la posición de salida, doblo ligeramente las rodillas al tiempo que estiro el tórax hacia arriba y luego, tras un breve intercambio de sonrisa, respiro profundo, la mezo y mirándola a la frente siento sus cambios de peso; ora sobre el pie derecho, ora sobre el izquierdo y... comienzo concentrado en el compás de la música y en nuestro balance pero dejando que el bandoneón me inunde e incentive "a bailar mi tristeza" y a liberar la ansiedad de vivir y de ser.

Provoco algunos movimientos "en espejo" y compruebo el balance. Sin compartir la marca y sin balance, el tango simplemente no se da.

¿Qué tan difícil puede ser para una dama dar un paso adelante con el pie izquierdo, un lateral a la derecha, caminar dos pasos hacia atrás, cruzar al frente e igualar? Son sólo 8 movimientos en total. Parece muy simple, sin embargo, mientras acaricia el piso en cada uno de estos movimientos como que se excita, como que preludia tres minutos de sentida interacción.

Continuando, llega el momento de manejar mi postura y movimientos de tanguero más allá de la simple ejecución de figuras y pasos; deseo verme elegante y apuesto, confortable conmigo mismo. Como milonguero, mi expresión es discreta, parezco concentrado mas si pudieras asomarte a mi interior, verías cuán fuerte late mi corazón y cómo las emociones bullen en mi pecho.

Mi rol es decidir qué movimientos y figuras ejecutar y ser un apoyo fuerte para mi compañera durante sus movimientos y adornos, porque ella es el punto focal para quienes observan. Ella es quien debe brillar y mía la satisfacción de que así sea. Sus piernas dentro, fuera, boleando, haciendo ochos o punteando en stacatto, relatan la historia de nuestra danza mientras nuestros rostros sólo revelan la máscara del momento, porque el verdadero significado es siempre más profundo, más de motivos y de rasgos de la pasta que nos anima.

Giros, sacadas, ochos atrás, cadencias, salidas, corridas, cortes y quebradas, son algunos de los nombres de los pasos del tango y, las letras de sus canciones, se dan en un dialecto porteño de Buenos Aires de los que inventaron el tango y que no necesitas conocer porque intuyes su significado, lo sientes, es tan universal y tan atávico que en realidad ya lo conocías, especialmente si eres un romero como yo, extraño en todas partes.

Ninguno de los bailes de salón que practiqué desde niño se le parece, por su libertad de manejo, de tiempos, de formas y de posibilidades de auto expresión. Te hace sentir vital y, como en la Maratón, cada quien sitúa sus objetivos y al final, todos son ganadores.

Algunas veces, cuando la música se hace lenta, detengo a mi compañera y bailamos los silencios, suspendidos en el tiempo ejecutando una plancha, un corte o una calesita. Aquí es cuando a través de actitud, manos y pecho, intento comunicar a sus piernas qué movimientos ejecutar a continuación. Luego la música cambia a un ritmo más rápido y nos movemos de una manera que nunca será repetida otra vez, aunque realicemos pasos previamente aprendidos. Aquí y ahora, sentimos en forma muy específica la música, el baile y la situación.

El Tango fué concebido para un universo complejo, es simple pero no fácil, sus pasos básicos son muy pocos mas las posibilidades de sus combinaciones parecen incontables; es dinámico, incierto, a veces como que te crea conflictos y quisieras dejarlo y es muy, muy personal.

Hay sueños que no se alcanzan, problemas que parecen no tener solución y deseos que a lo mejor en toda la vida no se materializarán y yo, peregrino, inmigrante buscando un sitio ideal, creo toparme una y otra vez con la respuesta precisa aquí, en éste momento ¡mientras bailo tango!

En las milongas de los viernes veo personas de todas las edades y condición social, moviéndose alrededor de la pista contra las manecillas del reloj y disfruto entre ellos de la música viva o de las grabaciones de las más famosas orquestas de tango, como si se tratara de música del cielo. Aquí los cuerpos se tocan y se relacionan como para probar fuera de toda duda, que estamos acompañados, que no estamos solos y que el ritmo y el concierto de las parejas al gratificar los sentidos, nos hace creer que vivimos un reto emocional e intelectual y..., cuando has experimentado todo esto y meditas al respecto, caes en cuenta del porqué amas el tango; porqué el bandoneón, fuelle tan diferente y de sonido extraño, doble y sin vibrato, es del gusto de los tangueros quienes resultan "atrapados" y envueltos en su música que es como un edredón que calienta sin irritar y protege del mundo exterior.

¡Y por eso bailo Tango!

12/08/98

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